No estamos en contra del móvil. Estamos en contra de la trampa.
Nos fuimos del feed porque el feed nunca nos dejó en paz.
Dejamos las rachas porque las rachas eran de las apps, no nuestras.
Dejamos el algoritmo porque queríamos recuperar las tardes.
Dejamos la reproducción automática porque el próximo vídeo siempre costaba el momento presente.
Dejamos las notificaciones porque ninguna venía de alguien a quien queremos.
No reducimos para ser virtuosos. Reducimos porque el mundo sabe mejor que la pantalla.
Lo que nos mueve.
Sobremesa antes que feed.
Una cena larga. Una conversación de verdad. Eso que harías captura si no estuvieras ya dentro.
Horas antes que likes.
El tiempo recuperado es la única métrica que importa. Las demás son de la app, no tuyas.
Notar antes que anestesiar.
No construimos muros. Solo encendemos la luz, para que el trance en el que caíste vuelva a ser una elección.
Suavidad antes que culpa.
Sin cierres, sin señalar, sin rachas que perder. Un recordatorio tranquilo confía más en ti que un castigo.
Menos pantalla. Más todo lo demás.
Si te suena, la puerta está abierta. Trae a un amigo. Te guardamos un sitio en la mesa.
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